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viernes, 24 de julio de 2020

Durruti nos enseñó el camino en 1936

Siempre hemos vivido en la miseria, y nos acomodaremos a ella por algún tiempo. Pero no olvide que los obreros son los únicos productores de riqueza. Somos nosotros, los obreros, los que hacemos marchar las máquinas en las industrias, los que extraemos el carbón y los minerales de las minas, los que construimos ciudades…¿Por qué no vamos, pues, a construir y aún en mejores condiciones para reemplazar lo destruido? Las ruinas no nos dan miedo. Sabemos que no vamos a heredar nada más que ruinas, porque la burguesía tratará de arruinar el mundo en la última fase de su historia. Pero -le repito- a nosotros no nos dan miedo las ruinas, porque llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones. Ese mundo está creciendo en este instante. Sabias palabras de un paisano que murió en 1936

lunes, 10 de diciembre de 2012

"Un poquito de historia. El primero de Mayo,Catalunya" por Alejandro Gilabert


    Todos los domingos la FAI organizaba un acto en los amplios palacios del Parque de Montjuic. Los oradores eran casi siempre los mismos: Cano Ruiz, Francisco Ascaso, Arturo Parera, García Oliver y Buenaventura Durruti. A los primeros actos asistieron sólo algunos centenares de oyentes. Cuando el público conoció la calidad de los oradores, sobre todo de García Oliver y Durruti, los palacios de Montjuic resultaron pequeños. Cada domingo se reunían miles y miles de trabajadores.
    Durruti no era un orador extraordinario. Sus discursos daban la impresión de incoherencia; no conocía el arte de la retórica. Sin embargo, la gente venía sobre todo para escucharle a él. Su voz fuerte y clara sugestionaba a las masas. Hablaba con mucha sencillez, sin adornos. Lo que atraía a las masas era su vehemente y desbordante sentimiento.
   Un día, los compañeros de Gerona invitaron a Durruti a un acto. Después de hablar lo detuvieron allí mismo, todavía bajo la acusación de haber preparado en París un atentado contra Alfonso XIII. Evidentemente, las autoridades judiciales de Girona no se habían enterado de que la monarquía había caído y que se había decretado una amnistía general. La población de Girona se levantó. Se intentó asaltar varias veces la cárcel para liberar a Durruti. Los obreros decretaron la huelga general por tiempo indeterminado; las autoridades decretaron el estado de excepción. Después de tres días de violentas huelgas, Durruti fue libertado.
   También en Barcelona se produjo una revuelta el primero de mayo de 1931. Se celebró una asamblea en el Palacio de Bellas Artes, en la que participaron numerosos presos políticos que habían sido liberados a raíz de la amnistía. Se probaron resoluciones que se acordó entregar al presidente de Catalunya, Francesc Macià. Se organizó una gigantesca manifestación, a cuyo frente marcharon García Oliver, Durruti, Ascaso, Santiago Bilbao y otros dirigentes de la CNT-FAI: El primer desfile de las fuerzas proletarias desde la proclamación de la República. La marcha recorrió pacíficamente las calles céntricas de la ciudad. Al llegar al palacio de la Generalitat de Catalunya, la policía abrió fuego. Los obreros y la policía intercambiaron centenares de disparos. La situación alcanzó tal gravedad que intervino el ejército. Una sección de soldados apareció en la plaza de la República. Durruti arengó a los soldados. Cuando los guardias civiles y la seguridad intentaron atacar nuevamente a los manifestantes, los soldados apuntaron sus armas sobre la policía. Así se evitó la masacre.

   Por Alejandro Gilabert.

domingo, 9 de diciembre de 2012

"Un poco de historia: El Primero de Mayo de 1931" por Louis Lecon



Después de la proclamación de la República española, viajé a Barcelona para visitar a mis amigos Ascaso, Durruti y Jover. Llegué a la víspera del primero de mayo. Los comunistas habían planeado una manifestación y habían inundado de carteles las paredes de la ciudad. En cambio la CNT -FAI, nada. ¡Ni un solo cartel! 
  ¿Iban a desaprovechar la ocasión de hacer propaganda en un día así?
Durruti me tranquilizó: "No, al contrario, organizaremos una manifestación por las calles céntricas de la ciudad. Contamos con cien mil participantes". "¿Y la propaganda?"., pregunté. "No veo ninguna invitación al acto".
"Hemos anunciado la manifestación en nuestro periódico Solidaridad Obrera", me dijo él solemnemente.
En efecto, los anarquistas reunieron al día siguiente a 100.000 manifestantes, y los comunistas a lo sumo seis o siete mil personas.
A pesar de todo, estaba convencido de que su confianza en sí mismos rayaba en la imprudencia. Tenía la impresión de que subestimaban la peligrosidad de algunos comunistas. Los "tres mosqueteros" y sus compañeros españoles se burlaron de mí. 
Dijeron que veía fantasmas. Unos años más tarde su descuido les haría costar muy caro...

por Louis Lecoin