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jueves, 1 de noviembre de 2018

"¡A las armas! de Quique Peinado" un pequeño gran libro sobre el Rayo y ValleKas





El autor Quique Peinado en su estadio favorito: Vallecas.
Crítica realizada por Luis Celaá Morales

 El Rayo, representante del espíritu revolucionario de Vallecas.

El Rayo Vallecano, de unos años a esta parte, representa (de manera muy simbólica, no querría yo exagerar) el espíritu revolucionario en algo tan poco revolucionario como el fútbol. En concreto, desde que los Bukaneros se han hecho fuertes en el fondo y han contagiado a las otras gradas. Es un hecho, y rebatirlo sería mentir. El estadio (casi) entero aplaude muchas de las pancartas y consignas políticas que salen del fondo, y eso ha convertido a Vallecas en un estadio especial. El Rayo es un club politizado por su hinchada, y no hay que tener miedo a decirlo: La Franja es orgullosa representante de su barrio; el Rayo es de izquierdas. Y por eso, también, soy del Rayo.

Una buena reflexión sobre el mundo del fútbol y sus distintas facetas, relacionadas con la vida y la ideología de un barrio

SOBRE EL AUTOR

Quique Peinado (Vallecas, 1979) lleva años huyendo del periodismo infructuosamente. A pesar de que le paran por la calle porque es "el que se sienta al lado de Cristina Pedroche" en Zapeando, Peinado sigue escribiendo en más medios de los que debería y publicando libros de escaso tirón comercial. Tras Futbolistas de Izquierdas llega éste, que muestra con gracia la desgracia de quien no puede dejar de escribir. Con varios artículos dedicados al libro en eldiario.es, Vallecasweb, El Confidencial o Qué!, entre otros, ¡A las armas! ha sido presentado y recomendado por el ex-parlamentario David Fernández y el periodista Jordi Évole. Antes que éste libro publicó, con gran éxito de crítica y público, "Futbolistas de Izquierdas" (libro que también criticaré en su momento) 




Crítica del libro:

Este pequeño gran libro, de la serie "Hooligans Ilustrados" de 110 páginas, pero tamaño Din A-5, es una auténtica maravilla sobre el mítico Rayo Vallecano, Vallecas y  una afición muy distinta a la de la mayoría de los equipos de fútbol. El artista, muy conocido en el ambiente vallecano por escribir para el portal de Internet: Vallecasweb o hablar en la radio sobre el Rayo. Escribió este pequeño gran libro como homenaje a un equipo peculiar tanto en su filosofía como en la forma de ver el fútbol.
Vallecas ha sido desde siempre un barrio diferente. Muy politizado, obrero y luchador desde antes de la guerra civil no podía tener otro equipo que el querido Rayo Vallecano. Representante del fútbol de antes, el de "toda la vida" el de los domingos por la mañana en campos de barro y frío invernal. En el que los jugadores eran aficionados o "semi-amateur" (me encanta esta palabra, que el voy a hacer).
En sus inicios el Rayo Vallecano jugó el campeonato obrero. Finalizada la guerra empezó en las categorías más bajas del fútbol madrileño compitiendo con otros clubs de la zona y de Madrid hasta que fue ascendiendo, en seguidores, cariño y categoría hasta llegar a lo más alto de la primera división. Ahí apareció el recordado personaje de Ruiz Mateos que sí bien parecía que iba a llevar al Rayo a lo más alto (Con él el Rayo tuvo buenos años en primera división, llegó a liderar la clasificación y debutó en la extinta Copa de la UEFA) fue dejando un pufo en el equipo que casi lo lleva a la desaparación. Tan sólo la rápida acción de una afición unida, luchadora y trabajadora hizo que el club se sobrepusiera y que poco a poco fuera pagando la deuda. Actualmente milita en primera división tras haber ascendido la temporada pasada (tan sólo estuvo dos años en segunda división desde su anterior etapa).
Este libro no es una crítica de la historia rayista pero sí un homenaje a la afición rayista y a su barrio, Vallecas. El autor divide el libro en cinco pequeños bloques. En el primero, "Familia", cuenta como se introdujo en el Rayo Vallecano y fue creciendo en él su amor por el equipo vallecano con anécdotas y otros detalles que hacen interesante su lectura.
En el segundo bloque, "Barrio". Nos relata resumidamente (para quien no lo sepa, para los que ya lo sabíamos es un placer rememorarlo) lo que es Vallecas. Su carácter peculiar que lo ha convertido en el barrio más rebelde, solidario y carismático no sólo de Madrid sino de media Europa (Quizás el barrio portuario de Hamburgo, sede del mítico San Pauli, sea el único que le supera en lucha de barrio, autogestión y organización proletaria).
La tercera parte, "Política" cuenta como en el Puente de Vallecas es el único distrito de todo Madrid en el que NUNCA ha ganado la derecha y, por tanto, nunca ha gobernado en este combativo barrio. Eso dice mucho de su gente y su afición, una diferente al resto de las aficiones por su carácter revolucionario.
La cuarta parte, "Estadio", nos habla de los primeros humildes campos donde jugó el Rayo Vallecano y donde juega actualmente: en el Estadio de Vallecas (aunque durante unos años cambió su nombre a Estadio Teresa Rivero, por capricho de una megalómana presidenta...)
Finaliza el libro con su quinto bloque, "Fútbol", en el que cuenta diversas anécdotas de la historia del Rayo como aquella mítica victoria vallecana en el templo del Santiago Bernabéu, un ascenso a primera, el triste paso por 2 B.
En fin, es un corto libro que se lee del tirón y que lo recomiendo no sólo para los aficionados del Rayo (Para los cuales debería ser obligatoria su lectura) sino para cualquier aficionado al fútbol, a los deportes o a los ideales de izquierdas.
Es entretenido, curioso y siempre se sacan cosas positivas leyendo estos librillos que lo único que pretenden es informar, entretener y homenajear al club al que el autor, en este caso Quique Peinado, siguen con fervor. Es económico y una compra/regalo muy acertada.


martes, 15 de mayo de 2012

De la Decepción a la Euforia






Lo que viví el domingo junto a miles de rayistas de corazón es algo muy difícil de narrar para los que no estuvieron allí. Llevo muchos años animando en el fútbol a mis dos equipos, los cuales dividen mis alegrías y mis penas. Me he emocionado con el Lega y con el Rayo y he llorado por descensos y decepciones, pero lo del domingo fue distinto. Había mucho más que un descenso en juego. Estaba la posible supervivencia de nuestra sagrada franja en juego. Todos los sabíamos por eso a todos nos iba la vida en ello.
El domingo tuve una de las jornadas futboleras más gloriosas que he tenido en mi vida (y han sido unas cuantas, creerme). Fue maravillosa y alucinante (gracias por los muchísimos mensajes de apoyo que he recibido, se agradecen de verdad) pero también pudo ser decepcionante y dolorosa. Si. Dolorosa. La gente que no entiende lo que es una pasión o amar a un equipo con todas tus fuerzas no lo entiende. Hubo una época en la que intentaba explicárselo pero ya no lo hago, si no lo entienden no voy a ser capaz de explicárselo. Así de sencillo.
Seguro que muchos de los que amais al Rayo habéis oido infinidad de veces coletillas como, "si buscaras curro con la fuerza con la que sigues al rayito te hubiera ido mejor en la vida" o "Si hubieras estudiado con esas ganas ahora tendrías un mejor trabajo", o quizás las más socarronas como la de "Si amaras a una chica como amas a tu equipo sería el amor perfecto". Esta me encanta que me la digan porque no lo podría definir mejor. Pues sí señor, intentas criticarme pero es que en mi vida he tenido muchos amores y, posiblemente, siga amando o ame otras veces pero desde luego no se puede (ni se debe comparar) al sentimiento de amor infinito que siento por la Raya Roja. Así, con mayúsculas.
Lo que vivimos el domingo los amantes del Rayo Vallecano fue algo mágico. Desgraciadamente, me perdí la previa con mis compañeros vallecanos pues acudí desde bien temprano a una barrilada en un bar pepinero pues mi otro amor, el Lega, se jugaba un inimaginable descenso (sí, también la supervivencia del Lega como institución estaba en juego) asi que nos bebimos nuestros miedos y emociones y disfrutamos de una goleada oportuna y maravillosa. En el Lega no sufrí nada porque no era la situación como la del rayo, teníamos muchísimas posibilidades de salvarnos y era muy difícil el descenso. Además a los 25 minutos ya gánabamos 3 a 0 asi que a disfrutar la primera parte del día. En el minuto 75 abandoné Butarque para irme con un colega en coche a Vallekas a sufrir como jamás imaginé que se sufriera en el fútbol. Dejé al Leganés con un 4 a 1 en el marcador y hasta el final de la noche no me enteré de que había quedado el partido 5 a 2. No me preocupó porque sabía que el Lega se había salvado, lo demás era lo de menos.
Llegué al mítico fondo de nuestro estadio a las 20.52. Alucinado me quedé cuando vi que no había NADIE en los tornos del estadio. Creo que en los siete años que llevo pasando por ese torno es la segunda vez que entrando ocho minutos antes del inicio del partido no había ni cola ni nadie para entrar. (La otra vez fue un impresionante Rayo Vallecano- Playas Pájaras a las 12 de la mañana en un día ardoroso de verano con menos de cinco mil fieles devotos en las calurosas gradas...) Me alucinó ver que la gente se lo estaba tomando como debía ser, una cuestión de vida o muerte. Menos de diez minutos antes del partido ya estaba la gente en sus sitios animando y preparando los tifos de turno. (Así debía de ser siempre pero ya sabemos todos como nos gusta apurar la cerveza antes de entrar en los partidos... XD)
He visto el fondo lleno infinidad de veces pero lo del domingo fue increíble. Me costó lo suyo bajar a donde siempre me pongo y finalmente me fue imposible ponerme allí asi que me puse más para abajo de lo que hubiera deseado pero es que estaba tan lleno el fondo que era imposible encontrar un sitio mejor. La tensión y los nervios se respiraban en el ambiente. Las habituales bromas de siempre daban paso a comentarios llenos de incertidumbre y temor. Todos sabíamos lo mucho que nos jugábamos, lo injusto de la situación y que no solo era un descenso lo que nos jugábamos a 90 minutos. Era la existencia de ese pequeño trozo de nuestro corazón que da un vuelco cada vez que nuestro rayito pierde un partido. Ese trozo de alma que se resquebrajaría para siempre y sin remisión si nuestro Rayo nos dejara algún día. Sería como ese ser amado que nos abandona prematuramente. Aquel que el el tiempo no olvida por muchos años que pasen. Eso era lo que la gente se temía. Si hubiera tenido un cuchillo se hubiera roto al intentar cortar la tensión que había en nuestro bullicioso fondo.
Los minutos pasaban, nuestro Rayo no terminaba de encontrarse agusto en el terreno de juego y tampoco llegaban las ocasiones con claridad. Los afortunados a los que sus teléfonos no se colgaban con internet nos iban diciendo los marcadores de los otros estadios. Todos iban empate a cero. Nada bueno, porque todos sabíamos que el Zaragoza iba a ganar al Getafe con claridad. Por las buenas o por las malas (De hecho, y lo hemos hablado varias veces entre nosotros. Todos sabíamos desde mediados de liga que al Zaragoza no lo iban a dejar bajar. Ya les pasó una vez y casi se queda sin cobrar media España. Estaba claro que no le iban a dejar bajar una segunda vez. Demasiada gente influyente es del Zaragoza como para dejarles bajar. Al igual que Lotina no tengo pruebas para representarlo pero el rio es demasiado caudaloso como para ignorarlo...)
En el descanso el continuo vaiven de gente al baño y al bar no fue tan fluido como otras veces. Casi nadie se movió de su localidad. Todos estábamos cabizbajos. Seis derrotas consecutivas (cuanto menos extrañas en la forma...) no habían hecho mella en la incansable afición pero la situación actual sí estaba causando estragos. Jamás vi la grada de Vallekas de esa forma. Todos seguían animando pero sin mucho convencimiento. Quedaban 45 minutos y estábamos casi hundidos. Con la reanudación del encuentro las pésimas noticias desde Getafe nos desgarraban el corazón. Al Zaragoza como no conseguía ganar al aguerrido Getafe (por una vez en la vida y sin que sirva de precedente reconozco que se dejaron el alma en ganar a los premiados aragoneses) pues le pitaron un penalty para que metiera su golito y encarrilara el partido, amén de expulsar a un jugador por... ¡¡Protestar!!. Lo flipo. Pepe rompe un par de piernas por partido y no pasa nada pero a un jugador del Getafe que protesta un penalty le expulsas. ¡¡Bravo por los árbitros!!. Gol del Zaragoza. La noticia vuela dando un vuelco a los corazones rayistas. El Rayo no mejora. Alguna jugada aislada pero poco más. El Granada está cómodo con el empate pues le salva, momentaneamente, del descenso. Seguimos animando. Según pasan los minutos decae la animación y se sucede la rabia, la desesperación. Empiezan a aflorar las primeras lágrimas con los siguientes expulsados del Getafe. Sabemos que un Getafe con ocho no va a remontar a un Zaragoza que juega en casa y que se juega la vida (Enhorabuena Getafenses, habeis conseguido llenar el estadio aunque sea con 14.000 seguidores visitantes. Es un principio) Pero lo que pasó con el segundo gol del Zaragoza no me lo hubiera esperado nunca. La gente ya lloraba a pierna suelta. Incansables animadores se hundían en el pozo de la desesperación. Quedaban pocos minutos para el final del partido pero no se veía que pudiéramos meter un gol. El partido se acababa y se nos iba de las manos. Entonces llegó la salvación. El mítico Tamudo se aprovecha de un rechace y mete gol. Pasamos de la decepción a la Euforia. Se celebró el gol con ganas porque la vida nos iba en ello. Después de gritar gol lloré como un niño pese a los abrazos de mis hermanos de grada. No lo puede evitar. Ese jodido gol no salvó la vida. Si en el Espanyol adoran a Tamudo aquí tendríamos que hacerle un monumento por su oportunismo. Jamás me he alegrado tanto por un gol de mi equipo. Cuando pitó el final el árbitro se produjo un orgasmo de catorce mil personas como nunca ha habido en Vallekas ni ascensos ni nada parecido. Nada es comparable con lo que se vivió el domingo. La invasión posterior. Las felicitaciones. Los abrazos. Las risas nerviosas. La Vida Pirata cantada con más ganas. Jamás me sentí más feliz por el fútbol en mi vida y aunque algún día ganemos algo no creo que sienta jamás tanta euforia. Había mucho más que un descenso en juego y lo salvamos. Regateamos al descenso. Gracias Tamudo. Gracias Rayo. Gracias Afición. El año que viene La Vida Pirata volverá a retumbar en el Bernabeu, Calderón, Nou Camp.... Y allí estaremos para disfrutarlo. Aupa Rayo.