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miércoles, 16 de agosto de 2017

"Las sanciones como muerte encubierta... o cómo la guerra económica no recibe la misma atención que la militar" por Juan Kaos

Escudo de la ONU

Por Juan Kaos

Desde que Trump entró en la Casa Blanca hace más de medio año (A todos se nos ha hecho más largo aunque no lleve  ni un año...) las tensiones entre su administración y Corea de Norte se han disparado hasta niveles alarmantes.  Ambos regímenes, usando un mismo lenguaje que les vuelve indistinguibles entre sí de una forma que nos recuerda a la última escena de la mítica "Rebelión en la Granja", se han amenazado mutuamente con la posibilidad de empezar una guerra. Y parece que se encuentran en competición directa por ver quien la inicia. Trump aseguró que "existe la posibilidad de entrar en un gran conflicto con Corea del Norte" el 28 de abril, y diez días antes el representante de Pyongyang en la ONU coqueteó con la idea de que la "guerra termonuclear puede empezar en cualquier momento".
Ante la terrible posibilidad de que se ponga fin en cuestión de minutos a la vida de millones de personas de este planeta, la prensa generalista aplaudió la restricción que mostró Trump cuando a mediados de mayo "sólo" se limitó a pedir un endurecimiento de las sanciones internacionales a Corea. Y es que este tipo de medidas, aparentemente mucho menos graves que una guerra militar al uso, se suelen asumir acríticamente como una alternativa aceptable a un conflicto bélico. La imposición de sanciones se aprueban sin pena ni gloria, y todo el mundo suspira aliviado y a otra cosa, mariposa...
Pero, ¿Qué suponen las sanciones de la ONU para la población civil de un país que las sufre? ¿Son tan asépticas que no merece la pena retratar sus consecuencias en los medios?
Para ilustrar su impacto, compartimos a continuación un fragmento del libro "La era de la Yihad" escrito por el periodista irlandés Patrick Cockburn (el libro es una recopilación de artículos periodísticos editado por la editorial Capitán Swing), que describe cómo es vivía en Iraq bajo las sanciones de la ONU en los trece años que precedieron a la guerra que inició Bush en el 2003.

"Las Naciones Unidas devastaron Iraq en los trece años que van entre 1990 y 2003. Los iraquíes vieron como su nivel de social y económico pasaba de ser similar al de Grecia a estar al a altura del de Mali. La Organización Mundial de la Salud declaró que en 1996 "la inmensa mayoría de la población del país llevaba años con una dieta de semiinanición". Naciones Unidas estimaba que entre seis y siete mil niños estaban muriendo al mes a consecuencia de las sanciones. Millones de iraquíes  que habían tenido buenos trabajos y habían vivido cómodamente se vieron sumidos en la pobreza y a abocados incluso a la delincuencia".
"La enseñanza y la sanidad pública del país, servicios que habían llegado a ser de gran calidad, se derrumbaron. Un equipo médico extranjero de visita en el país fue testigo de cómo un cirujano trataba de practicar una operación con tijeras demasiado desafiladas como para rasgar la piel del paciente".
"Había cortes de electricidad y agua potable porque las centrales eléctricas y las plantas potabilizadoras fueron el blanco de la campaña de bombardeos de 1991 y se reconstruyeron tan sólo parcialmente"
"Sin dinero para pagar el sueldo a los funcionarios ,la Administración se volvió irremediablemente corrupta y no ha dejado de serlo desde entonces. La invasión liderada por Estados Unidos en 2003 destruyó el Estado y el ejército iraquíes, pero el régimen de sanciones ya había hecho añicos la sociedad y la economía del país"

Vista frontal de la fachada de la sede de la ONU


"Puede que las sanciones de la ONU mataran a más iraquíes que cualquiera de las guerras posteriores. Aplicadas a partir de 1990, tras la invasión de Kuwait ordenada por Sadam Hussein, impusieron un riguroso cerco sobre todo un país, que se suavizó solo levemente a partir de 1996, con el programa de "petróleo por alimentos". El supuesto objetivo de las sanciones era debilitar a Sadam H. privando al régimen de dinero y de todo tipo de bienes que pudieran permitirle reconstruir su maquinaria militar. Se prohibieron productos tan inofensivos como los lápices de grafito porque podían utilizarse, sus minas, para fabricar armas nucleares; no podía importarse cloro porque potabilizar aguas contaminadas podía transformarse en gas tóxico; las ambulancias escaseaban porque podían utilizarse para transportar tropas..."
"Ninguna de estas medidas sirvió para debilitar el poder de Sadam Hussein, pero tuvieron un efecto catastrófico sobre la totalidad del pueblo iraquí"
"La gente es más mucho más consciente de las víctimas de la acción militar directa, como por ejemplo, los niños muertos o un ataque aéreo. Un embargo económico puede multiplicar el número de muertes por cien, pero lo hace en silencio y a puerta cerrada. Sus primeras víctimas son los más jóvenes, los más viejos y los más enfermos. El número de niños fallecidos antes de cumplir el primer año de vida pasó de uno de cada treinta en el momento en que se impusieron las sanciones a uno de cada ocho siete años más tarde. Muchos iraquíes no comían lo suficiente. Así de triste y sencillo..."

- Las víctimas de una guerra parecer serlo sólo cuando sufren un bombardeo o reciben un disparo. La única guerra que se reconoce es la militar; no la económica. La muerte por embargos no es espectacular, es lenta, dolorosa y  carente de sangre, por lo que se acaba normalizando y no despierta ningún interés. Nuestro mundo actual se configura a través de la imagen y las que se generan por este tipo de guerras no llegan hasta la mayoría de las personas. Por eso es mucho más fácil para un gobierno, en este caso el de la Administración Trump, aprobar unas sanciones internacionales sin despertar protestas que una acción militar.

por Juan Kaos

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